sábado, 5 de julio de 2014

Ramón Bonifaz, el almirante fantasma

No es mi intención desilusionar a nadie. En absoluto. Sobre todo, a esos burgaleses orgullosos de su tradición y de su pasado, de su historia milenaria, de su sentimiento de pertenencia a algo superior, más grande que una tela o un pedazo de tierra… Por eso, para que, quizá, conociendo un capítulo demasiado manido y adulterado de esa historia, puedan tener otra versión de la verdad que se esconde tras el mito secular y las biografías bienintencionadas, me permitiré, en las líneas que siguen, trazar un esbozo de este Ramón Bonifaz, que tan buenos servicios prestó a su Rey.

«Desque el rey don Fernando fue llegado a Jahen, ca asy yremos yendo cabo adelante por la estoria, vino y Remon Bonifaz, vn omne de Burgos, uer al rey. Al rey plogo mucho con el, et desque ouo sus cosas con el fablado, mandol luego tornar apriesa que fuese guisar naues et galeas et la mayor flota que podiese et la meior guisada, et que se veniese con ella para Seuilla, quebrantar ese fuerte et alto capitolo del coronamiento real del Andalozia, sobre que el queria yr por tierra et por mar».

Este pasaje de la Primera Crónica General de España (PCG II, cap. 1075) resume brevemente la entrevista que tuvo lugar a principios de 1247 en Jaén, y el encargo que Fernando III hizo a Bonifaz, rico hombre y alcalde de Burgos en esa época, para que armara una escuadra de barcos que viniera a reforzar el cerco terrestre que sus ejércitos habían establecido sobre la ciudad hispalense.

Después del encuentro, partió Bonifaz para el Cantábrico a cumplir el encargo real, y don Fernando hacia Córdoba, para proseguir con los preparativos militares del asedio a Sevilla, a la espera de la flota. Unos seis meses hubo aún de esperar el Rey su llegada, que se produjo entre julio y agosto de ese mismo año 1247. Poco tiempo, en  realidad, si tenemos en cuenta la compleja tarea que entrañaba construir, armar y avituallar, tanto de enseres como de tripulación, una sola nave de guerra; cuánto más hasta trece, que es la cifra que las fuentes de la época dan para esta armada castellana. Es bastante probable que gran parte de los barcos ya estuvieran construidos, pues serían los mismos que, en 1245, habían participado en el bloqueo naval de Cartagena llevado a cabo por las tropas del entonces infante Alfonso (futuro rey Alfonso X), hijo de don Fernando. Siguiendo la costumbre, esta armada habría sido licenciada al concluir la campaña de la conquista de Murcia, de modo que tan rápida respuesta por parte de Bonifaz habría sido posible porque las galeras utilizadas en el bloqueo de Cartagena estarían aún en buen uso en los puertos cántabros, donde habrían sido incorporadas por Bonifaz a la flota de Sevilla, al tiempo que reclutaba, también, naves de carga.

Con ocasión del bloqueo de Cartagena, el Rey le había confiado el mando de la escuadra castellana a Roy García de Santander, pero, en el cerco de Sevilla, en cambio, decidió prescindir de sus servicios y contar con Ramón Bonifaz, del que probablemente tuviera referencias gracias a las relaciones del burgalés con el entorno de la corte, su conocimiento de las cosas de la mar, y su buena posición económica.

La llegada de la flota de Bonifaz marcó el inicio de la segunda y definitiva fase de la conquista de Sevilla, pues vino a completar el cerco cristiano sobre la ciudad, que ya duraba varios meses. No obstante, pese a que la escuadra castellana derrotó a otra más numerosa enviada desde el norte de África en auxilio de la ciudad, e impidió la llegada de refuerzos por vía fluvial, no se consiguió aún el bloqueo efectivo de los sitiados. El principal motivo era la insuficiencia de las tropas castellanas, ya que Sevilla se alzaba sobre un extenso perímetro cuyo control total era difícil de conseguir. Durante todo lo que restaba de ese año, las tropas cristianas se limitaron a mantener y consolidar sus posiciones, pero sin acometer empresas de envergadura. Sevilla, mientras, seguía recibiendo suministros desde el Aljarafe a través del puente de barcas que los sitiados habían tendido entre la zona del Arenal, en la margen izquierda del Guadalquivir, y el castillo de Triana, al otro lado del río, una zona demasiado amplia para que los hombres del Rey pudieran ejercer sobre ella un control efectivo.

En ningún momento del asedio, sin embargo, intentaron las tropas castellanas un ataque general con el objetivo de rendir la ciudad por las armas, y las acciones militares se limitaban a escaramuzas protagonizadas por parte de ambos bandos, cuyos resultados no eran determinantes en modo alguno, si bien contribuían a socavar psicológicamente al enemigo. Finalmente, sabedor don Fernando de que si no lograba un completo y efectivo bloqueo no sería posible obtener la victoria, en mayo de 1428 ordenó a la flota que destruyera el puente de barcas de Triana, con la convicción de que así terminaría con el abastecimiento de la ciudad. No obstante, y a pesar del rotundo éxito del ataque de las naves castellanas, esta acción prácticamente no tuvo trascendencia en el desarrollo global de la campaña, por cuanto los sevillanos continuaron abasteciéndose aún un tiempo a través de barcazas y todo tipo de medios capaces de atravesar el río, y no sería hasta meses después, en noviembre de 1248, cuando por fin claudicaría Sevilla, merced a la misión de policía fluvial llevada a cabo de manera eficaz por las galeras castellanas, que lograron interrumpir definitivamente la línea de abastecimiento que sus habitantes mantenían abierta a través del Guadalquivir.

Hasta aquí el relato de los acontecimientos, lo que sabemos de manera fehaciente porque así consta en las fuentes documentales, sin adornos, tergiversaciones o tendenciosidad. El hecho de que la presencia de la flota castellana fuera determinante para la rendición de Sevilla, no debe desviarnos, empero, del estricto discurrir histórico, que camina por sus propios senderos, a los que hemos de acudir a buscar su rastro. Nada que objetar. Cuando se pretende parodiar la historia, y elevar a verdad incontestable la simple presunción, rodeándola de un halo legendario, habremos de estar alerta…, y enfrente. En este sentido, el episodio del puente de barcas de Triana se erigió en símbolo sobre el que se fundamenta la gloriosa leyenda de Ramón Bonifaz, cuya figura se ha visto sin duda sobredimensionada por un velo no exento de cierta propaganda, amplificado a través de los siglos hasta elevarlo a la más alta cúspide del Almirantazgo castellano. No obstante, en la época en cuestión no existía tal institución, y ni siquiera marina de guerra tenía aún Castilla, por lo que difícilmente pudo haber sido Ramón Bonifaz su almirante.


9 comentarios:

  1. Reconozco mi ignorancia supina en cuanto al estudio de la España medieval. No sé qué debía estar haciendo en la facultad cuando tocaban estos siglos. Yo me especialicé más (es un decir lo de la especialización pues yo no estudié Historias, pero era común hasta tercero) en historia contemporánea. Desconocía a ese preclaro héroe Ramón Bonifaz. Ignoro el papel que se le adjudica en en ámbito castellano así que no me ha cambiado en nada mi perspectiva sobre él. Me ha sorprendido eso sí lo de la armada castellana pues no relacionaba a Castilla con el mar. Me da la impresión que cada región (o nación, perdón) tiene sus héroes particulares y los demás desconocemos la urdimbre heroica de otros lugares de España. Yo crecí con el mito de Agustina de Aragón y los Sitios de Zaragoza y de ahí no me saques. ¡Qué historia más desconocida la nuestra! Y yo aún me forme universitariamente, no quiero ni pensar lo que saben los que no tuvieron esta oportunidad y ya no digamos los chavales que están saliendo ahora. Gracias por la lección de Historia. Un abrazo.

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    1. Cada nación, cada región, cada ciudad..., hasta cada bloque de vecinos tiene su héroe, alguien a quien, con su aprobación o no, pues muchos lo son, a su pesar, una vez fallecidos, colgar la etiqueta... Este breve artículo, sin pretender cosa alguna salvo poner algunas cosas en su justo lugar, quiere decir, bien alto y claro, que Ramón Bonifaz no fue almirante de Castilla porque no existían aún en la Corona castellana la institución del Almirantazgo ni una Marina de Guerra (aunque no tardarían en ver la luz, de todas formas), y que esta dignidad le es otorgada, no por el rey, su señor, sino por sus agradecidos biógrafos. Y de ahí adelante, el agua va hacia abajo...

      Son demasiadas las cosas que ignoramos como para, al decir de muchos, preocuparnos por ellas, Joselu. Hay que seguir leyendo -los que aún perseveramos en tan arcaica costumbre-, pero sin grandes aspiraciones, ¿no te parece?

      Un abrazo

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    2. El titulo de Almirante de Castilla fue otorgado por Fernando III el Santo a Ramon de Bonifaz, luego de fantasma nada. De este titulo ya se disponía en la segunda delas Partidas de Leyes de Alfonso X el Sabio que indicaba incluso como había de vertirn

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    3. Usted mismo es prueba viviente, a juzgar por su nombre, de la existencia de "bonifaz", querido amigo, aunque usted no sea almirante ni nada. Pero debería usted leer más antes de afirmar tales cosas, porque corre el riesgo de faltar a la verdad y a la realidad. Ni era ni es mi intención adoctrinar ni convecer a nadie, y si lo que ha leído en este artículo o en los dos libros que llevo publicados sobre el origen de la Marina de Guerra de Castilla y sus almirantes (a uno de los cuales tiene usted un enlace más arriba en este blog) no le sirve para derribar sus creencias, toda la ciencia histórica tampoco podrá hacerlo, de la misma manera que ahora el independentismo catalán retuerce la historia para que destile el licor que más le interesa, sin importar si eso fue o no verdad: ahora les sirve, y no hace falta más.

      En todo caso, le agradezco su presencia aquí...

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  2. Yo que vivo en una ciudad marinera casi todas las calles tienen nombre de ilustres marinos. Llevo años creyendo que el almirante Bonifaz era un marino del siglo XVIII como Alcalá Galiano o Churruca y resulta que es de la Edad Media. Vaya patazo histórico... jejeje reconozco mis lagunas en la Historia. Muy interesante por otro lado el relato de los hechos.

    Un saludo.

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    1. Y, ¿quién no tiene lagunas, Moisés? Este escribidor cuenta, incluso, con verdaderos océanos de ignorancia, pese a su afición por el mar... La entrada pretendía, por lo menos, dos cosas, que no estoy seguro de haber logrado: por un lado, describir con todo el rigor que mi conocimiento de las fuentes históricas permite los hechos del sitio de Sevilla por parte de las tropas del Rey Santo; por otro, y aunque no he profundizado en los textos documentales para no aburrir al lector generalista, dejar constancia de que el almirante Bonifaz no fue, en realidad, almirante, pues todavía no se había creado el Almirantazgo castellano como institución de la Corona.

      Gracias por tu interés y un abrazo

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  3. La Marina de Guerra no nace hasta 1714. Los marinos de guerra no lo hacen haste 1717. Con anterioridad a esas fechas, Son buques civiles artillados o embargados los que forman las armadas. Son marinos civiles los que asumen el papel de militares. Antes del siglo VIII, que un barco vaya artillado, no significa que sea de la Armada Española. Los barcos delos piratas iban artillados, pero no erna de la Armada Española, ni los piratas eran marinos de guerra.

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Sepan quantos esta carta vieren: conçejos, justiçias, regidores, caualleros, escuderos, ofiçiales e omes buenos, como porque la principal cosa a que yo vine a estas partes no es acabada, e pues como estamos pobres e menesterosos, e faltos de seso e entendimiento, e porque lugar es este en que han de façer por grand voluntad la merçed los que agora son e de aquí adelante nos den su opinion...