El
escribidor ha escrito en este cuaderno varias entradas sobre El Quijote (una, dos, y tres); o, mejor dicho, sobre su escudero, Sancho; o, mejor aún, sobre el burro de Sancho
y su nombre. Pero, resulta que el asno de Sancho Panza no tiene nombre, como
dejó el escribidor dicho, y no por decirlo él, sino porque así está escrito, es
decir, no escrito, en las quijotescas
páginas. No ha sido, en ningún momento, intención de este pobre escribidor
plagiar, enmendar, glosar, criticar ni tergiversar la universal obra de
Cervantes; entre otras cosas, porque carece de los conocimientos necesarios
para ello, así como de la alevosía que sería preciso acumular. Le movió
sencillamente cierta vaga idea de no sé qué aspiraciones literarias, y acaso
una dosis no pequeña de ingenuidad, pero nunca, jamás, afán alguno de
protagonismo, y mucho menos de mofa, como tampoco de transformación de la
realidad vívida que El Quijote
refleja, ya que, como mi buen amigo Juan Poz dijo en el cuaderno de Joselu,
«Los seres de ficción son fuertes, porque
no hay quien los modifique, y si alguno lo intenta (…), cae sobre él el
descrédito y el desprecio universales».
Y, no queriendo este escribidor semejante infamia sobre su persona y su pluma,
dicho queda el desagravio que de sí mismo hace.
No
entenderán quienes hasta aquí lleven leído a cuento de qué vienen estas
palabras, pero hay una razón poderosa –y, ¿cuál no lo es?–, y es que al
escribidor le resulta incomprensible saber por qué tantas personas se mueven
por la inmensidad de la red buscando, más bien anhelando, una información sin
duda trascendental para sus vidas: cómo se llamaba el burro de Sancho Panza.
Como
resulta prácticamente imposible conocer el motivo de esa desaforada pesquisa
entre los hispanoparlantes, tendrá el escribidor que contentarse pensando que la
extendida lectura de la magna obra cervantina exonera a simples e ignaros de su
auténtica comprensión. O será, quizá, que hay profesores de universidad por
estos y aquellos países que fomentan su lectura proponiendo a los alumnos que
indaguen acerca del nombre de tan afamado asno…
Dado
el elevadísimo número de visitantes (aunque no se lo crean, más de la mitad del
total, lo cual, por otra parte, hace que al escribidor le tiemble el pulso al
escribir, y se ponga en su verdadero lugar, es decir, en ninguno) que acuden a
este cuaderno atraídos por la remota posibilidad de saber, de una vez por
todas, cómo se llamaba el burro de Sancho, creo que este pobre escribidor
pasará a la historia –es un decir, claro– como el tipo que no bautizó al dichoso
burro del escudero, de modo que, quizá, este blog debería cambiar el nombre y
llamarse, en adelante, La raza del asno
de Sancho Panza.
¿Qué
más se puede decir?
Nunca se me había ocurrido semejante pregunta acerca de la identidad del asno de Sancho e ignoraba que fuera objeto de búsqueda en la red. Si sé que al amigo Sancho se lo roban en la primera parte sin que aparezca el episodio de dicho robo lo que fue un olvido divertido de Cervantes que luego aparece en los primeros capítulos de la segunda parte en la conversaición del hidalgo con el bachiller Sansón Carrasco. En sucesivas ediciones de insertó el robo del rucio, pero de su nombre nada se supo. Pero ¿tiene alguna importancia? Un abrazo.
ResponderEliminarPues, yo creo, Joselu, que no tiene ninguna. Pero, al parecer, se la otorgan, y mucho , en otros lugares, habida cuenta, como dije, de la abrumadora mayoría de visitantes que entran en mi blog de la mano, precisamente, de esa fatídica pregunta... ¡En mala hora le dediqué una entrada al pobre rucio, y luego otra, y otra más... y, al fin, ésta!
EliminarPoco sé de literatura, y menos aún de Cervantes, pero, estoy seguro, al manco de Lepanto no le fue la vida en dar nombre al asno dichoso, como sí hizo con el caballo de su Alonso Quijano, quizá por considerarlo de más noble linaje, ¡qué sé yo! Pero me habría ahorrado trabajo, y no pocas visitas nada agradecidas, si le hubiera puesto un nombre, cualquiera, como hizo Dylan -en nombre de Dios, claro- con todos los animales en su famosa canción.
Un abrazo