viernes, 12 de febrero de 2010

¿Unión Europea?

No es precisamente nueva la idea de unir a todos los europeos bajo una sola bandera. Con más o menos éxito ya se ha intentado antes. Así Carlos I y su severo vástago Felipe el Segundo, a quienes se les rompió ese soñado ideal por culpa de la dichosa religión, que todo lo puede. Lo intentó también, bastante antes que ellos, Carlomagno en un arrebato de refundación imperial de la vieja Roma, aunque sólo consiguió un remedo mediocre que cuajaría en el Sacro Imperio Romano Germánico, que por cierto recibiría el señalado Carlos con el apelativo de V, es decir, Carlos V de Alemania como emperador y Carlos I de España como rey. Más atrás en el tiempo, todo el mundo sabe que Roma dominó la mayor parte del continente, por lo menos la occidental, que es la que hoy integra el grueso de la UE. Y tengo para mí que ésta es la única ocasión en que la cosa funcionó… relativamente bien. Sólo bajo la mano firme y segura del maquinista marcha bien engrasada la locomotora.

Se necesita vigor, decisión, ilusión, serenidad y sacrificio para que el fruto de tanto esfuerzo germine. Pero estamos sembrando en tierra yerma… ¡Ay, Europa, cómo te imaginaron los griegos! ¿Cómo puede cosa alguna llamarse a sí misma Unión, sea europea o lo que sea cuando no se entienden entre sí sus integrantes? Y lo digo en sentido literal: no se entienden cuando hablan. ¿Será porque en la UE hay, creo, veintitrés idiomas oficiales? Imagínense, legiones de intérpretes, traductores simultáneos y tacógrafos para las sesiones; transcriptores, linotipistas, lingüistas y qué sé yo para las ediciones de los diarios; cohortes de ayudantes, secretarios, subsecretarios, vicesecretarios… Un gasto increíble para seguir perpetuando ad calendas graecas los errores ya consagrados… Se están reproduciendo en las instituciones europeas los mismos vicios de los que adolecen las instituciones de los nacionales miembros, pero además todas. Es multiplicar por veintisiete las imperfecciones de cada país representado.

Sé que es complicadísimo poner de acuerdo a dos en lo que sea, no digamos a tantos y además con intereses, culturas, historia, tradición y lengua tan dispares. Para unos prima la agricultura, para otros la tecnología, para otros la exportación, para otros la seguridad, para todos la soberanía… No es posible llegar al entendimiento: mecanismos diabólicos de mayorías cualificadas, ponderadas y vueltas a cualificar terminan por decidir qué se hace, con el consiguiente perjuicio para algunos de los países debido a su escaso peso económico, demográfico, político o de otra índole.

Creo yo que si de verdad queremos una Europa unida en todos los aspectos, es decir, que un día vayas a Colombia y cuando te pregunten de dónde eres digas soy europeo, hay que ser más cosmopolita, menos mojigato y por supuesto más desprendido. Se logró una moneda única… a medias todavía por las reticencias de los de siempre. Pero la mecha que a mi juicio prendería el polvorín europeo y marcaría el arranque definitivo hacia esa anhelada unidad real debe ser la adopción de un idioma común, único y obligatorio para todos los ciudadanos de la Unión. Y dejarnos de una vez de monsergas.

Los Estados Unidos de América aparecen como paradigma en este asunto. Un país formado por la adhesión voluntaria de estados libres e independientes en el que ni siquiera hay idioma oficial, intercomunica a todos sus ciudadanos en inglés, al que nadie obliga pero que todos aprenden. La Unión norteamericana se gestó en gran medida gracias a la emigración de infinidad de individuos –curiosamente europeos en su mayor parte– que llevaron allí su lengua, su cultura, sus costumbres… pero por encima de todo ello se adaptaron, se entendieron y prosperaron como país. Existen otras lenguas de uso más o menos corriente entre las que destaca, bien es verdad, por su importancia el español, pero también el francés, el chino, los idiomas indios… pero todo el mundo aprende el inglés, todos quieren aprenderlo. Aquí, en cambio, cada oveja tira para su redil cuando cae la noche.

¿No sería todo más fácil si los quinientos millones de ciudadanos de la Unión Europea, cuyo nombre asusta pero que políticamente es aún una utopía, nos entendiéramos en el mismo idioma? ¿No sería un excelente comienzo para lo que debería venir después? Seguro que sí. Ahora bien, ¿de qué idioma estamos hablando? Quizá el alemán, que es el hablado por mayor porcentaje de habitantes, o el inglés, por su relevancia mundial, o el gaélico, por su nota folclórica… Todo el mundo comprende que ninguno de ellos sería viable. De ahí que haya prácticamente dos docenas de idiomas oficiales, y los que vengan. Pero es una situación ridícula. Probablemente sería mejor buscar un idioma que no lesionara los intereses chovinistas de nadie, ni despertara las suspicacias de nadie ni constituyera una afrenta para nadie. ¿Un idioma de fuera del Viejo Continente? Nadie se sentiría ofendido por el vecino en su orgullo nacional, pero, ¿se imaginan aprendiendo el japonés, por ejemplo? Se podría inventar uno nuevo… Pero mejor no, con el esperanto ya tuvimos bastante.

O puede que no tengamos tan lejos la solución. Una vez casi todos los habitantes de Europa se entendían en la misma lengua, y además lo hicieron durante siglos. Efectivamente, hablo del latín, esa lengua que fue transmisora de cultura, que colonizó a las tribus del continente, en la que escribieron tantos clásicos de las letras y de la que derivan o tienen influencias muchas de las lenguas occidentales actuales. ¿Por qué no adoptarla como idioma oficial de la Unión Europea? ¿A quién perjudicaría o qué sensibilidades heriría? La Iglesia católica lo mantiene vivo en su seno como idioma oficial y probablemente eso haya evitado que desaparezca el catolicismo de la faz de la tierra. La Iglesia heredó las ruinas del Imperio Romano y ha pervivido con el idioma como nexo. Durante siglos, cuando el latín había desaparecido ya de la memoria, un cura podía viajar a cualquier parte del mundo sabedor de que podía hablar en el mismo idioma con otro cura, fuera de la nacionalidad que fuera. A los individuos que ahora somos adultos nos resultaría, incluso con cierta base previa, difícil, pero a los niños no, ¿y no son ellos el futuro? La siguiente generación habría mamado el latín desde la cuna, en la escuela, en los organismos oficiales, y poco a poco en los hogares, en la calle. En dos generaciones, si no antes, el cambio estaría completado. Por supuesto que seguirían existiendo las demás lenguas europeas, pero como lenguas maternas de cada individuo, en un plano de referencia respecto al latín, que sería el idioma oficial y común a tantos cientos de millones de seres. A partir de ahí el camino hacia la verdadera Unión Europea, y después mundial, estaría expedito.

Podemos hacerlo. Por desgracia, la tarea corresponde a los políticos, que no saben ni siquiera dónde está su ombligo. Pero debemos intentarlo. De lo contrario corremos el riesgo de acabar como el coronel Aureliano Buendía, que realizó más de treinta revoluciones y no ganó ninguna. O, dicho de otro modo, si no es el latín, será el chino, que ya lo avisé hace unos días y no soy el único.

8 comentarios:

  1. No veo nada realista esta propuesta. Pero pienso que sí el inglés podría ser vehículo de comunicación interna y no seguir perdiéndose entre centenares de traductores en todas las lenguas de los países participantes que son 27, pero que se seguirá ampliando. Y no sólo esto sino que hay voces que quieren que se amplíen las lenguas oficiales a las lenguas emergentes en países con tradición nacional. Nosotros aportaríamos cuatro lenguas... Y todos los países podrían añadir lenguas secularmente oprimidas. Una casa de orates. Pienso que debería ser el inglés, únicamente el vehículo de expresión. Lo que pasa es que nuestros políticos tienen un deficiente nivel de inglés y no sé si se apañarían. Creo que es prioritario: una única lengua. Pero proponer el latín me parece fuera de la realidad. Un cordial saludo.

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  2. Pues que sea el inglés. Puede parecer más realista que el latín, pero creo que necesitaría vencer muchas más reticencias por parte de nuestros queridos políticos. En todo caso, hace ya mucho tiempo que dejé de aspirar al pragmatismo como solución.

    Un abrazo

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  3. Colega Javier,

    He llegado a su blog merodeando por Internet, desde el blog de don Mario y me encuentro aquí con un decidido defensor del Latín. Pues yo también lo soy, como puede ver por mi perfil. Preciosa esa cabecera de su blog, con una inscripción al más clásico estilo latino.

    CARMINI•MATRI
    AMANTISSIMAE
    S•T•T•L

    CARMINI MATRI
    AMANTISSIMAE
    SIT TIBI TERRA LEVIS

    PARA MI MADRE CARMEN
    AMANTÍSIMA
    QUE LA TIERRA TE SEA LEVE

    Imagino que estará dedicada a su madre. Si es así, que descanse en paz. Nada honra más a un hijo bien nacido que el amor a su madre. Si se da un paseo por mi espacio, comprobará que la columna lateral está llena de referencias a mi madre, que en paz descanse.

    A un alumno impertinente, que me preguntaba insistentemente con desprecio:

    ¿Para qué sirve el Latín?

    Le contesté:

    Fundamentalmente el Latín sirve para aprobarlo, y para que yo viva bien. ¿Te parece poco?.

    No tuve que soportar más preguntas impertinentes al respecto.

    Ha sido un placer entrar en contacto con Vd.

    Buenas noches y un cordial saludo,

    Antonio

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  4. Antonio, bienvenido a este lugar inhóspito pero libre. Excelente traducción del epígrafe, que efectivamente es un breve homenaje a mi madre, así como el intento de poema que puede leerse al pinchar sobre la inscripción.

    Un abrazo.

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  5. No hay que citar el nombre de ningún idioma en vano.Mucho menos sin estar informados.Gracias a la red, actualmente podemos refrescar y actualizar todo tipo de conocimientos. Se calcula que actualmente son más de 32 millones los internautas que utilizan el esperanto en sus relaciones internacionales de una manera neutral,sin imponer idiomas mayoritarios.En Brasil está implantada su enseñanza como optativa en la Enseñanza Media.Pero para comprobar estadísticas, basta con echar un vistazo en Google, YouTube,Wikipedia,Ipernity,Twitter,Tuenti y cantidad de redes sociales,chats y blogs muy diversos.Hasta Bs.Player o Firefox lo utilizan cada vez más. Por algo fue nominado al Nobel de la Paz y su estudio y titulación están regulados por el Cuadro Europeo de Referencia para la Enseñanza de Idiomas... Apologeta del esperanto es Umberto Eco en su obra "La búsqueda de la lengua perfecta" Gracias por vuestra atención.

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  6. Ansardom, en Esperanto cin respondas ke oni traktas de paroli ciam de kiu coneix, kaj en ci tiu okazo "estas informita" de kio estas l'Esperanto, lia disvolvo kaj liaj escasísimas sanco d'akiri iu tago monda hegemonio, malpli kvankam la latino. Tial, reitero ol kun l'Esperanto s'elcerpi la provojn de la homaro por krei novan lingvon, car, en la fundoj, ciu reduktas al la joc de posibilismo kalkulita.

    Gracoj por doni vian opinión.

    La brakumita

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  7. Como la educación no está reñida con la discusión, traduciré la respuesta dada a Ansardom en el anterior comentario para que cualquier visitante no esperantoparlante pueda saber qué dice:

    "Ansardom, en esperanto te contesto que uno trata de hablar siempre de lo que conoce, y en este caso 'estoy informado' de qué es el esperanto, su desarrollo y sus escasísimas probabilidades de alcanzar algún día hegemonía mundial, menos aún que el latín. Por eso, reitero que con el esperanto se han agotado los intentos de la humanidad por crear una lengua nueva, porque, en el fondo, todo se reduce a un juego de posibilismo calculado.

    Gracias por dar tu opinión

    Un abrazo".

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  8. MENUDA RESPUESTA. Mi nivel de esperanto es menos incluso que el de latín, así que te agradezco la traducción.
    La propuesta del post me parece buena aunque estoy de acuerdo en que el latín, frente al inglés tiene todas las de perder (al tratarse de una lengua muerta carece de muchos términos que ahora son imprescindibles), y el inglés debería servir como lengua para todos, sin olvidar las que hablamos por el momento, aunque sea mala e incluso pésimamente.
    Un saludo.

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Sepan quantos esta carta vieren: conçejos, justiçias, regidores, caualleros, escuderos, ofiçiales e omes buenos, como porque la principal cosa a que yo vine a estas partes no es acabada, e pues como estamos pobres e menesterosos, e faltos de seso e entendimiento, e porque lugar es este en que han de façer por grand voluntad la merçed los que agora son e de aquí adelante nos den su opinion...